Mayo 11, 2008 por vsancha

Que complicado resulta ver en estos tiempos de zozobra intelectual, donde presumiblemente predomina una actitud moderna y transgresora frente a los cánones impuestos por la industria cinematográfica, gente que verdaderamente tenga los cojones de formular nuevas vías de expresión y reformulación propia del genero en el cine de terror y no limitarse a la recurrida pose y al esteticismo vacuo tan aplaudido hoy en día.
Porque señores tiene mandanga la cosa, de que tenga que venir un tipo con los huevos bien negros como Romero para innovar en un género que estaba siendo victima de sus propias virtudes a manos de jóvenes realizadores de torpes y anquilosadas formas de entenderlo. Reformulando unos códigos puestos en marcha por él mismo hace más de cuarenta años y adaptándolos de formar elogiable a nuestros tiempos.
En esta nueva visión posmodernista que Romero nos ofrece sobre un particular Apocalipsis zombie son los protagonistas, jóvenes realizadores de cine, victimas y a la vez generosos transmisores de la barbarie caníbal que se cuece a su alrededor, poniendo en el punto de mira a los medios de comunicación y la influencia directa que ejercen estos sobre el pueblo en contra de las nuevas formas de comunicación de la era 2.0 y sus “verdades” instantáneas. Con un continuo juego metalingüístico ayudado en el uso discursivo de la cámara subjetiva (contemporánea en este aspecto de la excepcional [REC] a la que homenajea de forma totalmente inconsciente, prueba del zeitgeist que vivimos) y a su vez apoyado en el mordaz y insolente uso de sus armas hemoglobitas y de un magnifico, saludable y descarado sentido del humor.
Y es que, a su forma, y en gran medida este diario de los muertos de Romero es al cine de terror, en general, y al de zombies, en particular, lo que Cloverfield al genero fantástico y de catástrofes, jodidamente necesario. Y la muestra más apasionada, viva y subversiva del genio de Romero.
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Dejemos claro una cosa, la honestidad es un valor que considero indispensable para cualquiera que se dedica a la música. Y no hablo ya de ser honesto con el público, algo obvio y necesario, si no de serlo con uno mismo. Y los Replacements fueron uno de los grupos que llevaron como bandera la misma, empezando por su propio nombre, toda una declaración de intenciones.
Englobados dentro de aquello que pasó a denominarse como nuevo rock americano, del cual R.E.M. era la cabeza más visible, siempre tuvieron sobre ellos la losa maldita de su propio carácter autodestructivo, solo hay que ver algún directo de principios de los 80 para observar de lo que eran capaces los Mats por entonces. Pero todo eso formaba parte de su enorme singularidad, algo que los hacia realmente únicos en su especie, aunque en sus comienzos más duros y hardcore se les comparase con sus hermanos mayores los grandiosos Hüsker Dü.
Pero Paul Westerberg y los suyos siguieron avanzando, alcanzando con “Let It Be” el punto de inflexión de una carrera genial, los Mats sin quererlo se marcan uno de los discos de la década y muestran las directrices del rock independiente americano. Hay más honestidad en los acordes de ‘Black Diamond’ que en cualquier disco de U2. Y los maravillosos golpes ocultos de este “Let It Be” siguen dando donde más duele después de más de 25 años, y si no me creen prueben con ‘Sixteen Blue’.
La línea abierta que supuso ese salto al vacío que fue “Let It Be” fue explorada en profundidad en su otra obra maestra titulada “Pleased to meet me” donde canciones como ‘Alex Chilton’ dejaban bastante claro por donde iban los tiros. El gusto por la melodía exquisita, los medios tiempos que arañaban por dentro, guitarras que tocaban el cielo y todo cantado con la voz rota de Paul Westerberg y la rabia de una banda con mucho que decir.
Más de 15 años después algunos medios “especializados” elevarían a lo más alto de la música americana a grupos de enorme talento con el rastro de los Mats a sus espaldas. Y ahora díganme si Skyway no es más Wilco que los propios Wilco. La aventura de los de Minneapolis acabo en 1991. El Grunge. Nirvana conquistando el mundo. Y entonces dijo Rich Robinson: “sabía que algún día los Replacements acabarían de alguna forma por triunfar”.
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Con “The Office” Stephen Merchant y Ricky Gervais (cómico superlativo donde los haya) alcanzaron una de las cimas de la comedia moderna, creando el que posiblemente sea el mayor fake catódico de la historia. Una de sus numerosas virtudes era el papel que jugaba la cámara dentro de la propia serie, como si de un personaje más se tratase y convertida en resorte cómico mediante las miradas furtivas que los protagonistas lanzaban al objetivo rompiendo así la cuarta pared de manera brillante y haciendo participe al espectador de la miserable vida laboral de los empleados de la empresa papelera.
En la versión americana protagonizada por un adorable Steve Carell, todo el reparto adquiere una mayor relevancia dentro del show en contrapartida con el protagonista absoluto que era David Brent (Gervais) en la británica y en consecuencia el protagonismo de los secundarios que habitan ese pequeño microcosmo que es la oficina, se ve también reflejado en ese juego constante con la cámara en especial en la relación de Jim y Pam (eje central sobre el que se mueve toda la serie) y el constante juego que se traen entre manos con Dwight del cual nos hacen constantemente cómplices.
En el noveno capitulo de la segunda temporada, “E-mail Surveillance” ocurre un pequeño detalle de los que hacen de esta serie uno de los principales baluartes de la comedia americana actual. En el capitulo Pam y Jim sospechan a raíz de un comentario de Dwight a Angela, una posible relación entre estos dos. En una escena posterior, vemos como en la sala de descanso se encuentran Pam y Angela y vemos como esta ultima saca dos chocolatinas de la maquina exprendedora, un detalle que a priori puede parecer irrelevante pero que tras las sospechas anteriores capta inmediatamente la atención del espectador y la cámara consciente de ello pone énfasis en ese detalle.
Y es posteriormente cuando se desarrolla lo genial, lo simple, lo maravilloso, la cámara comienza a moverse de forma nerviosa y corre hacia donde se encuentra nuestra recepcionista favorita, se produce un intercambio de miradas con la cámara, y es la propia cámara la que guía a personaje y espectador a enfocar nuestra vista en Dwight que devora una de las chocolatinas ajeno a lo que acaba de pasar.
Por primera vez en la serie no son los personajes los que buscan la complicidad de la cámara, es ella la que busca al personaje deliberadamente buscando su reacción y provocando la acción, deja de ser un elemento pasivo en la escena, para pasar a ser el detonador de la misma* y adquiere una importancia mayor o por lo menos más visible de la que haya tenido con anterioridad.
*: Es preciso aclarar que la cámara siempre tiene una acción sobre las reacciones de los personajes y que suele quedar perfectamente reflejada cuando nos enseñan las grabaciones que hacen en la intimidad frente a la cámara y sus posteriores actitudes y constantes contradicciones, pero esa acción que la cámara ejerce sobre ellos es siempre de manera indirecta al contrario de lo que sucede en este momento.
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