
Descansando un poco de la marabunta Indiana Jones que sacudió nuestras apacibles vidas hace cosa de dos semanas y con la visión lejana de todas las críticas, comentarios y debates formados que nos invadieron tras el esperadísimo regreso del Dr. Jones uno no puede más que seguir reafirmándose en su opinión sobre lo visto y también sobre todo lo oído y leído que la ha rodeado durante este tiempo.
El regreso no solo es satisfactorio en su resultado final tanto en cuanto da lo que podía esperarse a estas alturas de una nueva aventura de uno de los mayores iconos de la historia del cine. Si no que el trío Spielberg-Lucas-Ford optan por rendir homenaje al propio personaje y a ellos mismos antes que al sector fan recalcitrante que tan mal ha envejecido en contraposición con el propio personaje. Y es esa una de las decisiones más importantes y acertadas de la película, puesto que engrandece el sentido de la aventura por la aventura y de la propia existencia de esta parte final. Una cuarta parte que es sin duda la más referencial de todas o por lo menos de un modo más descarado de forma que los guiños se vuelven más numerosos y evidentes no ya a la propia saga en si (que lo es), si no a toda esa clases de películas que ejercieron de educación sentimental de las dos cabezas visibles de este proyecto. Y que siempre formaron parte de un modo u otro del universo particular de Indiana Jones, algo que algunos parecen olvidar a estas alturas. No solo sigue homenajeando de forma elogiosa y con verdadero sentido de lo espectacular y lo maravilloso a todos los comics primigenios de aventuras, historietas Pulp, pelis de Serie B como ya hacía hace 20 años. Si no que se adapta a los tiempos y la década de los 50 queda retratada de manera brillante en sus más vistosas aportaciones que se otorgaron a la cultura pop del momento.
Porque esto señores, sigue siendo un viaje de diversión sin frenos, muy corto de nuevo y más imperfecto e inverosímil si cabe, más Serie B que ninguna de las tres anteriores y a cuya escena final solo alguien sin corazón puede confrontar. Parte de su encanto reside en esa locura en cuyos poliédricos matices da gusto perderse. No, no es perfecta, tiene defectos y varias cosas mejorables, claro, pero una película de Indiana Jones debe de dejar a un lado la perfección, de eso se trataba.